la oración y meditación alimento del alma

la oración y meditación alimento del alma

lunes, 29 de diciembre de 2008

personajes

Entrevista de la revista Humanizar a Ana María Slutter maestra zen.
Aún no tuve la oportunidad de conocerla personalmente ,este año estuvo en Gijón ,espero poder ir algún día al zendo.
ANA MARÍA SLÜTTER Religiosa y maestra zen“Es necesario encontrarse con Dios en el silencio" Texto y fotos: J. I. Cortés / Humanizar La religiosa Ana María Slütter es la presidenta de la Fundación Zendo Betania, la única escuela en España en la que se practica Zen en un marco occidental y cristiano. Nacido en el seno del budismo mahayana, el Zen es un camino hacia las raíces y realidades últimas del ser humano.Zendo Betania define el Zen como "un camino de despertar a la realidad esencial, de raíz, que ningún sentido puede captar ni ninguna inteligencia comprender". El silencio y la contemplación son las bases de este camino. A través de ellos, Zendo Betania piensa que es posible "ayudar al ser humano de nuestro tiempo a reencontrar sus propias raíces profundas, en un clima de ecumenismo y de respeto hacia todas las personas y creencias, en armonía con la fe cristiana y por ende con el núcleo más auténtico de toda religión". Estamos hablando de realidades inefables, de cómo acercarnos al misterio y, por si fuera poco, de un modo de aproximación a lo esencial que nace en una cultura en muchos sentidos diametralmente opuesta a la nuestra. La misma Ana María Slütter, maestra Zen desde hace veinte años, parece a veces quedarse sin palabras para expresar lo que quiere decir. P.- ¿Qué es el Zen?R.- Una definición muy antiquísima dice que es "una transmisión muy especial, al margen de toda doctrina, que no se basa en palabras ni letras, que se dirige directamente al corazón humano y lleva a despertar y vivir despierto". Vivir despierto significa enterarse no sólo de la superficie de las cosas, sino también de las realidades espirituales. P.- ¿Por qué decide una religiosa católica hacerse maestra Zen?R.- Buscaba algo que me ayudase a cultivar la experiencia de Dios que yo había tenido. Creo que en muchos sitios se ha perdido la sabiduría de cultivar la contemplación. Ahora se estudia Biblia, lo cual es fantástico y buenísimo, pero no es suficiente. Para ser religioso creo que es necesario encontrarse con Dios en el silencio, en el hondón del alma, en la contemplación. Yo tengo amigas carmelitas que se sabían de memoria todo San Juan de la Cruz, pero que hasta que llegaron al Zen no experimentaron lo que él quería decir. Su experiencia mística era una cosa sabida, pero no vivida, porque, en muchos casos, la práctica de la mística se ha perdido. “No se concibeque un camino deiluminación lleve abuen puerto si no esen el marco de unavida recta”P.- ¿Cómo se complementan Zen y cristianismo?R.- Yo hablo de bilingüismo religioso. Cuando empecé a practicar Zen, sentía que estaba aprendiendo una forma de recogerme y abismarme en el alma, y que todo lo demás seguía igual, que el Zen no tocaba nada. Luego fui descubriendo que esa forma de abismarse y de recogerse está dentro de una tradición religiosa y cultural para la que esa experiencia del misterio que ellos llaman vacío para los sentidos es el centro. Y el lenguaje religioso está en consonancia con eso. Cuando se habla otra lengua, no sólo se usan palabras diferentes para designar lo mismo, sino que las palabras que parecen equivalentes designan realidades distintas. Cada lenguaje -y especialmente si es un lenguaje religioso- tiene una visión diferente del mundo. Entonces me di cuenta de que, al aprender una lengua religiosa nueva, había enriquecido mi lengua religiosa original. Hay realidades que una lengua expresa mejor que otra y, si tienes un vocabulario más amplio por haber aprendido otra lengua, puedes conocer y expresar realidades que antes a lo mejor sólo intuías. P.- El zazen, la meditación en silencio, juega un papel fundamental en el Zen.R.- El Zen es un camino de práctica, por eso es algo que toca directamente el corazón. No se basa en teorías. Hay dos tipos de prácticas fundamentales: el zazen, "sentarse a solas con el misterio" y el samu, o realizar un trabajo con atención, un trabajo que te hace recogerte. Esas prácticas necesitan de acompañamiento, porque llegan muy hondo, a lo más hondo del ser humano. Es algo que va más allá del psicoanálisis. Ese acompañamiento se hace en grupo y de manera personal. Y todo esto -y eso es lo que a veces en Occidente se obvia olímpicamente, lo que es una barbaridad- se debe inscribir en un marco de vida ética. En Zen se habla de diez preceptos muy parecidos a los de la ley mosaica: no matar, no abusar del sexo, no mentir. No se concibe que un camino de iluminación lleve a buen puerto si no es dentro de una vida recta. Además, hay que tener en cuenta que el Zen ha surgido dentro del budismo mahayana, cuyo nacimiento coincide con el nacimiento de Jesucristo. En el budismo mahayana, el ideal no es sólo llegar al despertar, a la iluminación, sino hacerlo en beneficio de los demás. P.- Eso parece un poco contradictorio, pues estamos hablando de un camino de recogimiento, de abismamiento interior.R.- Sí, hay que volverse hacia uno mismo, y allí hay que "estar a solas con la noticia", como decía San Juan de la Cruz. Pero es como cultivar las raíces de un árbol: cuanto más se las cuida, mejores frutos da. Pero, dejando de lado los frutos, incluso para llegar a esas raíces de verdad y no enredarse más en el egocentrismo, el Zen habla de seis barcas, y la primera de todas ellas es la generosidad. Es algo que no está lejos del Cristianismo. Se trata de pensar en los demás. En el Zen se dice que es para liberarse del egocentrismo; en el Cristianismo se habla de amor a Dios a través del amor al prójimo. P.- El Zen dice que todos llevamos la iluminación dentro de nosotros. Parece que el hombre de hoy está muy a oscuras, pues se encuentra muy desconectado de sí mismo.R.- Sí. Es un mal muy grande que ya reseñó gente como Jung. Él aseguraba que casi todas las personas de más de 40 años que llegaban a su consulta padecían de una gran desconexión de sus raíces. Muchas enfermedades, según Jung, derivan de haberse desenganchado de las raíces profundas. Es como un árbol al que un ratón se le ha comido las raíces: se seca, está enclenque, no da buenos frutos. P.- Según usted, ¿cuál es la razón de esa desconexión tan radical entre lo que uno es realmente y lo que uno hace y a lo que uno aspira en la vida?R.- Yo creo que en nuestra cultura occidental, desde el siglo XIV hasta ahora, impera una opción muy radical por el estudio y el dominio del mundo exterior. Eso está bien, pero el problema es que todo lo que tiene que ver con el mundo interior queda cada vez más marginado. De hecho, nuestros místicos del siglo XVI estuvieron muy marginados. Oriente ha hecho lo contrario. P.- Según usted, ¿el Zen puede sanar esa fractura?R.- Yo veo que lo hace. La gente viene a Zendo Betania por distintas causas: curiosidad, insatisfacción, búsqueda de conocimiento personal, de nuevas formas de oración, de equilibrio, de capacidad de concentración. El Zen les hace encontrar algo, una cosa que no saben expresar -y yo considero una buena señal que no sepan hacerlo-, pero que cambia su vida, le da sentido, y hace que se tomen las cosas de otra manera. Algo que muchas veces va más allá de lo que buscaban. “Muchas enfermedades derivan de haberse desconectado de las raíces profundas del ser humano”P.- Ha dicho que practicar Zen ayuda a mirar la vida de otra manera.R.- Claro. Si la vida es lo que yo puedo conseguir, lo que yo puedo ganar, ante cualquier fracaso, me deprimo. En cambio, si la vida es otra cosa, todo cambia. Y el Zen enseña que la vida es otra cosa: es ese misterio, que va más allá de lo que ven mis ojos y que sólo se puede contemplar con lo que los victorinos, un grupo de místicos cristianos franceses del siglo XII, decían que se percibe con lo que llamaban "el ojo del alma". Ellos decían que Dios nos había creado con tres ojos: los de la cara, para ver las cosas materiales; el de la razón, para entenderlas, y el del alma, para ver las cosas del espíritu. Al ser expulsados del paraíso los dos primeros siguieron funcionando, aunque a veces enferman o se nublan. En cambio, el ojo de la contemplación, ni siquiera se abre. Sin embargo, es importante cultivarle para comprender toda la realidad, no sólo la material. El Zen es una forma de cultivar ese "ojo del alma". P.- De alguna manera, para el Zen, el silencio es un camino de liberación.R.- El Zen es un camino de liberación, sí. Y el silencio es parte fundamental de este camino. No sólo durante el zazen. P.- Este camino de liberación, ¿de qué permite liberarse?R.- Fundamentalmente, del egocentrismo, de la encerrona dentro de uno mismo: mis deseos, mis ideas. Esa es la mayor encerrona. Incluso desde el punto de vista cristiano. En el Cristianismo se dice que esa obsesión por uno es lo que impide llegar a amar a los demás, mientras que en el Zen se dice que lo que impide es llegar a dar con el misterio. Pero son dos concepciones que no se excluyen. Esta es otra enseñanza del Zen: lo que más impide llegar a dar con el misterio es estar atado a mis ideas. Todas las ideas tienen una forma y el misterio no tiene forma, no se puede tocar, no se puede entender, no se puede oler. Mientras yo esté atrapado en todo eso, no puedo dar con el misterio. P.- ¿Qué relación tiene el silencio del Zen con el que se practicaba y se sigue practicando en muchos de nuestros conventos de clausura, de vida contemplativa?R.- El silencio es silencio. No hay diferencia entre un silencio y otro. Lo que cambia son las personas que se sientan a hacer silencio. Yo por eso pienso, como otros maestros Zen cristianos, que un cristiano que tiene experiencia del silencio y llega a una cierta iluminación, no tiene la misma experiencia que un budista. Es decir, experimentan lo mismo, la misma realidad última, pero cada uno la percibe desde un punto de vista. P.- ¿Cómo es posible crear un total silencio interior, donde no haya nada dentro?R.- Bueno, el Zen no busca eso. El silencio Zen no trata de eliminar recuerdos, sentimientos o sensaciones. No se trata de aniquilar los sentidos, sino de iluminarlos. Se trata de concentrarse en algo para mirarlo, prescindiendo de lo demás, pero sin eliminarlo. Eso, en la práctica, cuesta, porque, cuanto más silencio hagas, más pensamientos acuden a tu mente. Para explicarlo, yo pongo el ejemplo de un río. Yo quiero atravesarlo hasta llegar a la otra orilla, que sería la iluminación. Si me empeño en hacer que se pare la corriente, no consigo nada. Tirarme a la corriente y dejarme llevar tampoco me hace alcanzar mi objetivo. Lo mejor es tender una cuerda. En el Zen, esa cuerda es la respiración, la concentración en la respiración. Con esa cuerda paso al otro lado. Si hay mucha corriente, lo noto. Puede haber hasta ramas, y hojas, pero yo sigo agarrado a la cuerda para pasar al otro lado. Es como un barco. La mar puede estar tranquila o revuelta, pero si el piloto mantiene el rumbo llega a donde quiere ir. La historia de una búsqueda Hija de padre alemán y madre catalana, Ana María Slütter siempre ha sido una persona de frontera y de búsqueda. Su intensa vivencia de la fe le hizo desear transmitir esa experiencia de Dios a los demás. Por eso entró a formar parte de las Mujeres de Betania, una congregación "un tanto sui generis", según su propia definición. Fundada en Holanda por el sacerdote jesuita Jacques van Ginneken, su carisma es ayudar al hombre moderno a reencontrar sus raíces religiosas y cristianas. "Siempre nos hemos movido en la frontera de la creencia y la increencia y siempre hemos buscado, más que formar comunidad, ser fermento de comunidad", dice Ana María. Esta religiosa no terminó de encontrar lo que buscaba hasta que, siendo secretaria de una asociación vecinal en el San Blas obrero y madrileño de los años setenta entró en contacto casi por casualidad con el P. Hugo Enomiya-Lassalle, un jesuita misionero en Japón, fundador del primer centro Zen cristiano. El padre Lassalle comenzó a venir a España a impartir charlas y cursos y ella se convirtió en su traductora y ayudante. En los ochenta, Ana María Slütter viajó a menudo a Japón y allí recibió, en 1985, de manos de Yamada Kôun Zenshin, el maestro del P. Lassalle, el título de maestra Zen. Poco después se instaló en Brihuega (Guadalajara), donde fundó Zendo Betania. El nombre es ya de por sí significativo, pues zendo significa el lugar donde se practica Zen y Betania es el nombre de la pequeña localidad cercana a Jerusalem en donde vivían los mejores amigos de Jesús: Lázaro, Marta y María. En la tradición cristiana, el nombre de Betania siempre ha sido sinónimo de amistad y acogida. Allí todo empezó con unos furgones viejos en donde vivía la religiosa y la familia de su hermano, que le ayudó a levantar la sede de Zendo Betania. Hoy es un sencillo y cuidado centro de oración en medio del bello valle del Tajuña, en el corazón de la Alcarria. En ella vive Ana María Slütter. Normalmente, la acompañan tres o cuatro personas que están haciendo experiencias largas de vida Zen. Muchos fines de semana, el centro se llena de decenas de personas que asisten a charlas, fines de semana de iniciación o jornadas de vivencia Zen. En sus casi veinte años de existencia, la Fundación Zendo Betania ha ido creciendo. Además de Ana María, existen otros tres maestros Zen cristianos en España. Más de 500 discípulos reciben un acompañamiento especial, y otras tantas personas acuden con regularidad a sus encuentros Zen en Brihuega.

2 comentarios:

Wuwei dijo...

Ana María es una persona excepcional. Te animo a conocerla tanto a ella como a todos los practicantes y maestros de Zendo Betania. El ambiente que allí se respira es siempre abierto y acogedor.
Lo que más me impactó cuando la conocí fue su sencillez y enorme capacidad en todo lo que hace; y por supuesto su visión del zen y la mística en general.

Ana María es un ejemplo vivo de lo que un auténtico camino espiritual puede llegar a ser.

Supongo que la conocerás, pero por si no es así te indico la web de Zendo Betania:

www.zendobetania.com


Un saludo.

:o)

carmen fabiola dijo...

Hola wuwei¡ una vez más gracias por poner tus comentarios y por poner la pag de Zendo Betania ,quise poner el enlace pero le di al botón y se me pasó.Si se de referencia que es una exelente persona ,espero poder ir en febrero a una iniciación en Gijón con Kepa este año por razones extremas no pude ir. Un saludo y gassho.